18 Carême I – B Graduel Angelis Suis
Cuatro días antes del primer domingo cuaresmal comenzamos nuestro ayuno para imitar más exactamente la vida de nuestro Señor. Y es la primera meditación dominical que la Iglesia nos da. ¿Porqué guarda la Iglesia con tanto cuidado el ayuno?
El ayuno domina nuestro apetito de comer. Es una de las dos pasiones más fuertes, junto con el deseo sexual, que tenemos en común con los animales. Y están conectados bajo la misma virtud de la templanza. La templanza cristiana es la virtud que modera y pone en orden sobrenatural estas pasiones, para que tengamos pasiones como las ejercitaban Nuestro Señor y Nuestra Señora.
El ayuno es un acto de templanza, y siendo así, de veras no es la suprema virtud, pero es el primer grado para ascender en virtud, como dice San Gregorio Magno, “si no domamos el enemigo que habita adentro, a saber, nuestro apetito voraz, no nos hemos puesto de pie para entablar el combate espiritual.” Casiano lo confirma diciendo que uno “no podrá vencer los vicios mayores quien no haya podido sujetar siquiera la gula.” Y la gula no consiste solamente en comer demasiado, sino además como dice San Gregorio, cuando “nos hace adelantar la hora, exige manjares exquisitos, pide manjares preparados con excesivo esmero, rebasa los límites en la cantidad y despierta una voracidad sin límites.” Y nota en adición, cinco consecuencias comunes, a saber: alegría boba, bufonería, inmundicia, locuacidad y ceguera mental.
Es la guerra que el hombre ha luchado desde el principio de la creación. San Basilio dice, “en el paraíso, el pequeño precepto impuesto por Dios no consistió sino en una muestra de abstinencia.” Moisés antes de subir al monte, se preparó con un largo ayuno, y así recibió los mandamientos escritos por el dedo de Dios. Y al bajar, se rompió la alianza con Dios, porque el pueblo se sentó para comer y se levantó para cometer lujuria, que siguió a la idolatría, y la pérdida de la fe. Un acto repetido a través de los siglos por los muchos que han dejado la ley de Dios y su Iglesia, en vez de conformarse con ellas. Como nos advirtió nuestro Señor, “Si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis, porque nada vale más para comprimir los turbios movimientos del alma y sujetar a la razón los apetitos naturales.” Pío XII
En el ayuno entonces, nos encontramos en la guerra principal contra la carne. Benedicto XIV observó. “La observancia de la Cuaresma es la insignia de la guerra cristiana, por medio de la cual nos probamos a no ser los enemigos de la cruz de Cristo, por medio de la cual impedimos los azotes de la justicia divina, por medio de la cual nos fortalecemos contra el príncipe del mal, porque nos protege con auxilio celestial. Si la raza humana descuidara en su observancia de la Cuaresma, sería en detrimento de la gloria de Dios, una desgracia a la religión católica, y un peligro a las almas cristianas. Tampoco se puede poner en duda que tal negligencia se se convertiría en una causa de sufrimiento para el mundo, calamidad pública y congoja privada.” ¿Qué escribiría a nuestros tiempos, cuando se ha perdido la costumbre de ayunar por 40 días, cuando encontramos en tantas calamidades, y la destrucción de la familia, cuando las almas están cayendo en el infierno como la lluvia, según dijo Nuestra Señora de Fátima. ¿Cuántos, creen Uds., de los miembros de familias deshechas, estaban observando el ayuno? ¿Cuántos de los que han cometido adulterio? Un sacerdote santo, solía decir a las señoritas buscando un esposo, que buscaran a uno que ayunara, porque si no puede negar a su apetito, ¿cómo puede poner el bienestar de su esposa y de su familia en el primer lugar de su vida? Cuando su belleza se marchita, y los hijos hacen ruido, ¿cuál sería su motivo de servirles, si vive según sus pasiones?
Pues, la Iglesia nos cuida mucho para que ayunemos y no retrocedamos del primer grado, porque El que falla en lo poco fallará en lo mucho. Y “El que no niega a su cuerpo nada de lo que es licito, dentro de poco le permitirá lo que es ilícito,” dice San Agustín. Y hay ciertos demonios que sólo pueden ser quitados por el ayuno y la oración.
Y ¿cuáles son los frutos buenos de ayunar? San Basilio nos describe los efectos: “el ayuno es quien da alas a la oración para que pueda subir al cielo; es la firmeza de la familia, la salud de la madre y el maestro de los hijos.” Y contra la lujuria, dice “¿no veis cómo en nuestra ciudad cesan las canciones meretricias y los bailes impúdicos en cuanto nos dedicamos a ayunar?…El ayuno nos asemeja a los ángeles;” a fin de que nos alimentemos con la palabra de Dios, el pan de los ángeles. “Por no ayunar fuimos expulsados del edén; ayunemos, pues, para que se vuelvan a abrir sus puertas,” nos dice San Basilio
Pero posiblemente no puede ayunar, por enfermedad, o edad. De veras la Iglesia obliga sólo a aquellos entre 18 y 59 años de edad a observar el precepto eclesiástico de ayunar. Y de veras, la enfermedad puede ser un mejor ayuno. San Buenaventura, que tenía una constitución más delicada, dijo que la dedicación a sus estudios fue su ayuno. Y al fin, la moraleja es la misma. Y Dios quiere que ayunemos, no para que seamos delgados hijos de Dios, sino para que se nos quite el orgullo de corazón. Y esta moraleja más alta se percibe cuando sentimos hambre, cuando gustamos nuestra nada, y nos damos cuenta de nuestra dependencia de Dios. Santa Teresa tenía una vez un gran plan de sacrificios, ninguno de los cuales pudo llevar a cabo por causa de una enfermedad que Dios le mandó, recordándole, que “serás una santa según mi manera y no según la tuya.” Así Dios, muchas veces, nos impide el orgullo en nuestro esfuerzo, y cumplimiento de nuestra propia voluntad. Pero de todos modos, todos tenemos que hacer penitencia, y aún más hoy en día, como dijo el Papa Pío XII, “Pero los cristianos de nuestra época degenerarían de la virtud de nuestros mayores si ahora, en que se agitan más que nunca aquellos malos demonios que, como dice el divino Maestro, sólo pueden ser vencidos por la oración y el ayuno, y cuando más necesaria que nunca es la inmolación espiritual de sí propio para superar y remover tantos males de orden moral y social, no compensaran la relajación del primitivo y venerable precepto con otras obras voluntarias de penitencia conformes con la índole de los tiempos que vivimos.”
Ayunemos, entonces, en cuanto podamos para la salvación de nuestra alma, de nuestras familias, de nuestra ciudad, porque si no hacemos penitencia, todos igualmente pereceremos. Y el ayuno es para nuestro bien, para poner nuestras pasiones en orden, y imitar a Jesús, una expresión de amor, que quiere hacer reparación por las ofensas contra nuestro buen Dios. No, no perdemos nada, como dijo san Atanasio, “Cuando miremos al mundo, no creamos que hemos renunciado a algo. Todo él no vale nada comparado con el cielo. Aunque renunciáramos a la posesión de toda la tierra…” Y el ayuno por fin, es una oportunidad de acercarnos a Dios por la profunda humildad que nos enseña; una experiencia de nuestra nada, de nuestra dependencia, que nos quita la soberbia de imaginar que no necesitamos a nadie; una oportunidad de reconocer que nuestra hambre, nuestra sed, sólo puede satisfacerse en Dios, porque inquieto es nuestro corazón hasta que descanse en Vos, Señor.
María Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.
AMDG

Mi saludo siempre lleno de cariño y respeto.
Desde Texcoco, México.
Posted by Pedro | March 16, 2011, 2:24 am