Sermón- Fiesta de Cristo Rey
Publicado el 27 de Octubre del 2008 en Sermones
+
JMJt
Dominará de uno a otro mar, y desde el Río hasta los confines del globo de la tierra. Y adorarle han todos los pueblos de la tierra; todas las Gentes le servirán.
Había un sacerdote, buscado por la policía de parte de un gobierno que estaba dando caza a cada sacerdote en el país, para exterminar a los líderes de la religión católica y con ellos la fe de la gente, y la semejanza de Cristo, nuestro Dios, de la faz de la tierra. Pero este sacerdote no tenía miedo, sino un gran confianza en Dios, quien no permite que “un pelo de su cabeza perecerá” sin su permiso. Al contrario, le pidió a Dios la gracia de compartir los dolores de la Virgen dolorosísima al pie de la Cruz, y derramar su sangre por el amor de Cristo.
Terminó la que iba a ser su última misa una mañana, y los participantes dijeron que lo vieron elevado del piso y resplandeciente por un momento como una transfiguración antes de su pasión venidera. Fue aprehendido por los soldados del gobierno, y encarcelado con su hermano. La investigación de estos dos inocentes era una farsa, y el gobernador, temiendo que su inocencia fuera ser probada, se apresuró a fusilarlo. Al llegar al lugar de fusilamiento, un soldado del pelotón, le pidió perdón, pero el sacerdote le contestó, “no solamente lo perdono, le doy las gracias.” Les pidió un momento para rezar, y luego se puso de pie; extendió sus brazos en forma de cruz, apretando su rosario y crucifijo en las manos; levantó los ojos al cielo, encomendó su espíritu a Dios y, como su Divino Salvador, dio su vida por sus amigos y por sus enemigos.
Sus amigos, de su parte, se formaron en filas para venerar a este mártir de Cristo, y en poco tiempo se había formado una multitud de 20 mil personas en procesión con el cuerpo del sacerdote. Y aunque no era permitido practicar la fe en público, pasaron en frente de la residencia del gobernador, rezando el rosario como en marcha triunfal. Sus hermanos sacerdotes dejaron su cuerpo en la cripta, y luego se oyó a lo lejos una voz firme que entonaba, “Tú reinarás ¡oh Rey bendito!, pues tu dijiste reinaré.” Y toda aquella inmensa multitud, derramando lágrimas respondió: “Reine Jesús por siempre, reine su Corazón, en nuestra patria, en nuestro suelo, que es de María la nación.” Y así terminó la vida, o mejor dicho, empezó la vida de la gloria eterna, el Beato Miguel Pro, quien dio su vida para que sus paisanos tuvieran la libertad de practicar la verdadera fe y la religión establecida por Jesucristo. Muchas veces repetimos esta canción, pero ¿sabemos lo que significa? ¿La cantamos como nuestros padres en la fe?
Digo la verdadera fe, porque sólo hay “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.” Y sólo puede ser una, la cual Dios ha revelado públicamente a todas las naciones por medio de sus apóstoles y misioneros a través de los siglos, “obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguían.” Y tenemos que recordar que sólo la religión verdadera de Dios tiene derechos de ser expresada y reconocida. Nuestro Señor no dijo, adoradme como queráis, más “haced esto en memoria de mí.” Haced el sacrificio de la Misa, el culto que Dios quiere perpetuar, y pues el único agradable a Él. Se lo recuerdo a Uds. porque hay una guerra cultural, que empezó, de hecho, en el jardín del Edén, pero con más organización en tiempos modernos, sobre la cual, los Papas han predicado constantemente. Para citar a uno, León XIII dijo, “Las fuerzas del enemigo, inspiradas por el espíritu maligno, siempre guerrean contra el nombre Cristiano… para subvertir las verdades reveladas por Dios y desgarrar la estructura de la sociedad cristiana con discordia desastrosa… y el espíritu de todos los grupos anteriores que eran hostiles contra la iglesia… ha renacido en el grupo llamado la secta masónica que… es el líder en la guerra contra todo lo sagrado… y quiere ver la religión fundada por Dios rechazada, y todos los asuntos en privado y en público regulados solamente por los principios del naturalismo.” Ya saben Uds. aquí lo que pasó en su tierra despues tales avisos. ¿Pero qué pasa ahora?
Todavia estamos en una guerra contra el naturalismo. Pero ¿qué es el naturalismo? Se hace más claro si lo pongo en contexto de todos los hijos del naturalismo, o digamos sus aplicaciones, que son secularismo, indiferentismo, y liberalismo. Repasemos las enseñanzas de la Iglesia para que nos iluminen de estos errores. El secularismo es el error que dice que la Iglesia y la fe católica no deben ser reconocidas oficialmente por el estado. Contra lo cual, la Iglesia nos enseña, “Por esto es necesario que el Estado, por el mero hecho de ser sociedad, reconozca a Dios como Padre y autor y reverencie y adore su poder y su dominio. La justicia y la razón,” (aquí vemos la irracionalidad del secularismo) “prohiben, por tanto, el ateísmo del Estado, o, lo que equivaldría al ateísmo, el indiferentismo del Estado en materia religiosa, y la igualdad jurídica indiscriminada de todas las religiones. Siendo, pues, necesaria en el Estado la profesión pública de una religión, el Estado debe profesar la única religión verdadera, la cual es reconocible con facilidad, singularmente en los pueblos católicos, puesto que en ella aparecen como grabados los caracteres distintivos de la verdad.”
Contra el indiferentismo hacia la religión, que dice que todas religiones son iguales, la Iglesia condenó los siguientes errores:“Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que juzgue verdadera guiado por la luz de su razón,” y “Los hombres pueden, dentro de cualquier culto religioso, encontrar el camino de su salvación y alcanzar la vida eterna.” Y enseña al contrario, “los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha,” y “De esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión. ¡Y qué peor muerte para el alma que la libertad del error! decía San Agustín.” Que es decir en suma, que un error nunca tiene un derecho objetivo; que nuestra libertad fue hecha para la verdad, y solamente es verdadera libertad en este contexto. Ahora pueden Uds. ver mejor la gravedad de la guerra cultural, ya que esta filosofía se encuentra y avanza en todos lados. Quizá algunos de Uds. tampoco habían reconocido que eran errores. Así es la realidad sombría de la cual tenemos que darnos cuenta. Pero hay esperanza, porque después de la conquista mundial de los paganos, Christus venit, vidit et vincit. Cristo vino, vio y venció. Y podemos hacerlo de nuevo, ya que luchamos bajo el Dios todopoderoso con las mismas armas sobrenaturales de la fe y la penitencia. Y no podemos ser neutrales y vivir nuestra fe privadamente. El Papa León XIII cita al Papa Félix III, diciendo “Un error que no es resistido es aprobado; una verdad que no es defendida es suprimida,” y para inspiración, nos refiere a nuestros predecesores, diciendo, “por medio de un recuerdo de los ejemplos de sus antepasados, los espíritus destrozados de estos hombres,” (el hombre moderno, que no quiere luchar), “deben ser reanimados con aquel valor que es la guarda tanto de la responsabilidad como de la dignidad para que sean avergonzados y se arrepientan de sus acciones cobardes. De cierto, nuestra vida entera está involucrada en una lucha constante en la cual nuestra salvación está en juego. Nada es más vergonzoso que la cobardía.”
He citado mucho, pero en realidad poco de los documentos que la Iglesia quiere que leamos. Especialmente les recomendo la encíclica Quas Primas, que su eminencia citó recientemente en el Semanario, en que el Papa Pío XI explica esta fiesta. Hay que estudiar, porque la lucha empieza aquí- dentro del hombre, en nuestra mente, en nuestra voluntad. Para que Cristo reine por siempre en nuestra patria y en nuestro suelo, tiene primero que reinar en nuestro corazón. El reino de Dios entre vosotros está. Y al fin los dos partidos son los que viven para el mundo y los que viven para Dios. No podéis servir a Dios y a mamón. Y todos los “-ismos” –el naturalismo, el secularismo, el liberalismo–no son nada más que justificaciones para olvidarnos de Dios y vivir según la carne. Y al contrario, los que son del partido de la realeza de Jesucristo son simplemente los católicos que reconocen a Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre, y por eso como Rey de todo lo visible y lo invisible, y los que aman a Cristo y desean ser desatados y estar con Cristo, para que Dios sea todo en todas las cosas. No hablo de ideologías politicas y particulares. No el reinado de Cristo Rey, es la mera aplicación de la fe a nuestra vida; la continuación de su encarnación, digamos, en estar tierra.
Luchemos entonces con el escudo de la fe, y la espada de la Palabra de Dios, para resistir y conquistar la cultura neo-pagana. ¿Y quién no puede avergonzarse, y arrepentirse, y alistarse en la batalla, al oír de los ejemplos valientes de sus antepasados, como el niño Cristero de 14 años, que le dijo a su mamá, “Mamá, nunca como ahora es tan fácil ganarnos el cielo,” palabras que demostró con sus obras cuando fue apuñalado y torturado. Lo recordaron de sus padres, que nunca iban a ver si no negó la fe. Pero les contestó que le digan a su padre que “nos veremos en el cielo,” y con cada puñalada gritó, “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!” Así gritemos nosotros también en nuestras palabras en público, en privado, y sobre todo en nuestras obras.
Santa María, Reina de todos los santos, ruega por nosotros.
AMDG
+
CONSAGRACION DEL GENERO HUMANO AL SAGRADO CORAZON DE JESUS
Ordenada por S. S. Pío XI para el día de Cristo Rey
(último Domingo de Octubre) compuesta por S.S. León XIII
Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar; vuestros somos y vuestros queremos ser y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.
Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Sacratísimo.
Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y de miseria. Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.
Mirad, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida, la sangre que un día contra sí reclamaron. Conceded, oh Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz: ¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud, a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos! Amén.












27 de Octubre del 2008 a las 17:04
Excelente publicación!!!
Verdades que no conocía…
Consagración al Sagrado Corazón que rezaba cuando era niña, en familia.
Felicito a mi Iglesia por darnos la oportunidad de reencontrarnos con la Sagrada Liturgia Romana, canto gregoriano…Sublime!!!
Benedicto XVI está conciliando la Verdad!!! Liberándola de historia pesada… Viva Cristo Rey !!!