Sermón- 23 Dom. después de Pentecostés- “tolle, lege”

Publicado el 20 de Octubre del 2008 en Sermones

 

JMJt

Toma y lee

Nos acercamos al fin del año litúrgico, veintitrés domingos del tiempo de Pentecostés. Las lecturas de la Iglesia nos pintan la realidad de las almas después de tanto tiempo. Hay, muertos que nisiquiera quieren vivir, porque gustan sólo de cosas terrenas. La única esperanza para ellos es la oración de la Iglesia, como la colecta nos enseña “Rogámoste, Señor, absuelvas a tu pueblo de sus delitos; para que seamos libres, por tu bondad…,” y la oración de sus padres y verdaderos amigos, como leímos en el evangelio, del padre que acercó su hija a Nuestro Señor por medio de sus oraciones, a pesar de la muchedumbre alborotada de amigos falsos alrededor, inebriados de sus pasiones, y bromeándose del poder de Nuestro Divino Señor.

Hay otros que están casi muertos, con sangre saliendo, pero con la chispa viva de la fe que los puede salvar. Por causa de la fe, se acercan a Jesús en el sacramento de la penitencia, para tocar al vestido de la estola de inmortalidad, que significa el poder que el sacerdote tiene sobre las almas para atar y desatar sus pecados.

Los dos grupos reciben un gran gracia de Dios, quien los levanta de su tristeza por medio de su gracia con gran condescendencia. Pero así lo prometió, como leímos en el Itroito: Me invocaréis, y Yo os oiré y haré volver a vuestros cautivos de todos los lugares.

Hay otros que viven, que viven y andan por la fe, una fe viva, y la ponen en práctica en imitación del Maestro. ¿Pero quién es el maestro? Yo sé que no hay muchos protestantes aquí en Guadalajara, pero han venido y van a continuar creciendo, si no sabemos defender la fe. El protestante siempre comete el error de poner en oposición, a Cristo y a su Iglesia, a Cristo y a su Madre, a Cristo y a sus santos. Dicen que sólo debemos honrar a Cristo, y nunca a lo demás; ni debemos llamar a los sacerdotes Padres, ni a otros Maestro tampoco, porque sólo hay un Padre y un Maestro- Dios. Es una dicotomía falsa, y contraria a la revelación de Dios. Aquí leemos que San Pablo quiere que los discípulos lo imiten a él, como a un modelo. ¿Está apropiándose de los seguidores de Cristo? ¿del oficio de maestro? Dice en otro lugar, “aunque tengáis diez mil tutores en Cristo, no tenéis muchos padres; porque en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.” Allí se apropia del oficio del padre también. ¿Contra el mandamiento de Cristo? ¡Claro que no! Él estudió bien las palabras de Cristo, quien les dijo a sus discípulos, “vosotros sois la luz del mundo,” “Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza.” Y sobre todo, siempre tenía las palabras de Nuestro Señor grabadas en su corazón, cuando personalmente lo convirtió, “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Cristo es él que se identificó con sus fieles, como miembros de su mismo cuerpo. Ahora podemos entender porqué honramos a la Madre de Dios y a los santos. Porque forman la corona y el gozo de Nuestro Señor, como los discípulos de San Pablo a él, y él a Cristo, para que Dios sea todo en todos. Entonces si no honramos a los santos, deshonramos a Cristo, porque despreciamos la obra y la gloria que Él ha obrado en ellos “así el querer como el hacer.”

      Por eso honramos a los santos, y aun más podemos y debemos imitar a los santos, canonizados, que es decir- hechos una regla para nosotros. Y ¿cómo? Pues, hay mucho que decir, pero la primera cosa que San Pablo dice en contraste con ellos cuyos dios es su vientre, que viven para deleitar sus pasiones, es lo siguiente, nostra autem conversatio in caelis est. Y la palabra conversatio es tan rica y puede significar mucho- nuestra morada, nuestra modo de vivir, nuestro lugar frecuentado, nuestro conocimiento íntimo, nuestra asociación habitual, nuestra experiencia práctica y constante, nuestra patria y ciudadanía está en los cielos.

      El primer consejo de todos los santos es de elevar la mente a Dios, poniéndonos en la mente de Cristo. Porque en la mente todas nuestras acciones tienen su origen. Por eso dijo San Pío X que el mal más grande de nuestro tiempo es la ignorancia de la fe, porque sin el estudio de la fe, los que son de buena voluntad- y no digo buenos hombres, porque no son buenos, los que no estudian la fe, ya que no tienen las virtudes integrales de la mente inclusas- son capaces de hacer mucho mal. Benedicto XIV dijo que “Afirmamos que la mayor parte de los condenados a las penas eternas padece su perpetua desgracia por ignorar los misterios de la fe, que necesariamente se deben saber y creer para ser contados entre los elegidos.” El Padre Faber, dijo de los últimos tiempos, del tiempo de gran confusión, que serán los buenos los que harán las obras del anticristo, y tristemente crucificarán al Señor de nuevo, porque el engaño de esos tiempos “surgirá del que los buenos hombres estén en el lado equivocado

Pues, ¿cómo remediar esta maldad? ¿Cómo arraigar nuestra conversación, nuestra morada en los cielos? San Juan Crisóstomo dijo, “Debemos sofocar a fondo los dardos del diablo, y rechazarlos por medio de la lectura continua de las Divinas Escrituras. Porque no es posible, no es posible para persona alguna ser salva sin aprovecharse continuamente de la lectura espiritual…Somos heridos cada día, y si no usamos ningún trato médico, ¿cómo podemos esperar ser salvos?” San Gregorio el Teólogo subraya su efecto saludable sobre el alma, “Cuando leo libros santos, el espíritu y el cuerpo me son iluminados, y me convierto en el templo de Dios, y en el arpa del Espíritu Santo, tocada por poderes divinos, por medio de los cuales soy corregido y recibo un cambio divino y me hacen una nueva persona.”

Así dicen algunos de los doctores de la Iglesia, y si tuviéramos tiempo, podríamos citarlos todos. Porque todos están de acuerdo. Y todos fueron hechos santos por medio de la lectura de las Sagradas Escrituras y los libros de los Santos. San Agustín, encerrado en pecados carnales, fue liberado, cuando oyó la voz- tolle lege, “toma y lee.” Leyó un pasaje de las Escrituras que atravezó a su corazón y lo convirtió. Y él, por consecuencia, llegó a ser el teólogo más grande de la Iglesia occidental por mil años. Y sus escritos, especialmente sus Confesiones han proveido la oportunidad de conversión a innumerables personas, desde Santa Teresa hasta Gerard Depardieu. Ignacio de Loyola, con mucho orgullo, comenzó a leer los libros de los santos, para aprender como sobrepasarlos en fama, pero ellos lo conquistaron a él, y lo convertieron en un perfecto modelo de humildad, y en el general de un ejército al frente de la Cristiandad por muchos siglos.

El tiempo nos falta para decir más. Pero qué nunca nos falte para leer. Si tiene tiempo para la televisión y el internet, que forman la meditación mundana, entonces tiene tiempo para la lectura espiritual. Un capitulito de la Imitación de Cristo, que tenemos disponible aquí en la mesa atrás, se puede leer en dos minutos. Si lo lo ponemos en nuestro bosillo y lo leemos varias veces cada día, mientras estamos esperando o viajando, podremos recibir esta comunicación íntima del Espíritu Santo, podremos escuchar la voz de Dios. Muchos le rezan a Dios, y quedan descontentos que no les escucha, de que no les contesta, pero San Jerónimo y San Ambrosio, dicen que cuando rezamos, le hablamos a Dios, y cuando leemos, Él nos habla. Allí están las respuestas a sus preocupaciones y preguntas. Allí encontraremos el toque de Nuestro Señor quien “reformará nuestro flaco cuerpo, para hacerlo conforme a su cuerpo glorioso, con el poder con que tiene sujetas a sí las cosas todas…Estad así firmes en el Señor,” firmes en la resolución de leer la palabra de Dios, en su revelación escrita y en sus obras vivas - las vidas de los santos. Tolle lege.

“Toma y lee.”

 

AMDG

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Escrito por Padre Romo

2 Comentarios to “Sermón- 23 Dom. después de Pentecostés- “tolle, lege””

  1. Felipe comentó:

    Pater:

    ¿A qué se refiere con las virtudes integrales de la mente?
    ¿Quién fue el padre Faber?

    Gracias

  2. Padre Romo comentó:

    +JMJt
    Buenas preguntas Don Felipe,
    De las virtudes, de la mente inclusas, hacía referencia, en particular a la virtud de estudiosidad, de que puedes leer el comentario de Santo Tomás en lo siguiente
    http://hjg.com.ar/sumat/c/c166.html
    En suma lo que quería decir es que para ser virtuoso alguien necesita tener todas las virtudes, en una manera integral. Si alguien tiene buena voluntad, digamos la virtud de justicia, que incluye afabilidad y lo demás virtudes que se lo hace agradable a su prójimo, pero no tiene prudencia o castidad, no es un buen hombre. Si nos falta una virtud necesaria, no somos buenos, porque el bien exige una integridad de partes necesarias.
    La reflexión entonces para hoy dia, es que hay muchos que se imaginan buenos hombres, porque no matan, ni roban, ni pelean, son muy pacientes, etc., y asisten a la Misa cada domingo. Pero es muy comun ahora neglegir las virtudes que nos empuja para estudiar la fe, y educarnos en lo que necesitamos saber para vivir como buenos catolicos según las enseñanzas de la Iglesia, que sabemos por medio de encyclicas importantes, como Rerum Novarum, Pascendi, Humanae Vitae, etc.

    De Padre Faber. Sus libros son muy muy recomendables. Tenía un don de Dios de penetrar los motivos del hombre, y desenmascarar su hipocrisia espiritual. Un maestro de predicar también. Sus libros son famosos. Les recomiendo más que todo, sus Conferencias Espirituales que he visto en el monasterio Franciscano en Monterrey en castellaño.
    Su biografía en inglés, se puede ver aquí http://www.seattlecatholic.com/a060726.html
    El también hizo la frase sobre la misa gregoriana “la cosa más hermosa de este lado del cielo”
    AMDG+

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