Penúltimo domingo de Pentecostés- “es forzoso que avance o retroceda”

Publicado el 6 de Noviembre del 2008 en Sermones

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JMJt

Hoy en el penúltimo domingo antes del fin del año litúrgico, la Iglesia nos hace reflexionar otra vez sobre nuestro progreso espiritual–el progreso de la obra de nuestra fe, del trabajo, de nuestra caridad, de la perseverancia de nuestra esperanza en el Señor, como la epístola nos propone.

Y esta es la parábola del evangelio. En el bautismo, hemos recibido el reino de los cielos como un grano de mostaza, en el cual recibimos una infusión de la vida divina, no sólo para santificar nuestras almas, sino además para santificar todos nuestros pensamientos y obras. Hemos recibido poderes y faculdades divinas para hacer obras divinas, actos de fe, de esperanza y de caridad; virtudes además de las que tenían los griegos y romanos virtuosos, porque en nuestro bautismo recibimos justicia y fortaleza, templanza y prudencia sobrenaturales, para imitar a Cristo y no a Sócrates, para alcanzar el cielo y no un paraíso terrenal.

Y estos poderes divinos que hemos recibido tienen una ley, una dinámica interna, como una semilla, un grano que quiere y tiene que crecer por su naturaleza. Y si no crece, sería un arbol retrasado, y luego muere, ya que probablamente no puede sobrevivir en su ambiente tan retrasado. Así dice el santo concilio de Trento, “que los amigos de Dios, caminando de virtud en virtud, “se renuevan de día en día,” repitiendo unas de las últimas palabras de las Escrituras, “El justo practique aún la justicia, y el santo santifíquese más”. (Apoc. 22,11) y en otro lugar, “La senda de los justos es como la luz de aurora, que va en aumento hasta ser pleno día” (Prov. 4,18). Y así nos explica San Francisco de Sales, el gran patron de la dirección espiritual para los laicos, en su libro, Introducción a la vida devota, “en verdad, permanecer en un mismo estado mucho tiempo es imposible; el que no gana en este negocio, pierde; el que por esta escalera no sube, baja (imagínense subir por una escalera automática que va bajando); el que no sale de este combate vencedor, resulta vencido.” Porque “vivimos en medio del riesgo de las batallas que nos dan nuestros enemigos; si no resistimos, perecemos; y no podemos resistir sin sobreponernos a ellos, ni conseguir esto sin alcanzar victoria. Porque, como dice el glorioso San Bernardo, se ha escrito, muy especialmente por lo que atañe al hombre, que jamás permanece en un mismo estado; ‘es forzoso que avance o retroceda’.” No hay otra opción, si no crecemos, somos retrasados, y por eso malos.

 

Así es la sorpresa para muchos en este penúltimo examen de conciencia litúrgico. Es un examen no según la ley del pecado, sino según la ley de la gracia. Porque un pecado es nada más que una ofensa contra el deseo verdaderamente natural del hombre de ser virtuoso–justo, sabio, valiente, amable, cortés, y su inclinación sobrenatural de creer en Dios sin duda, de esperar todo de Él, como de un buenísimo Padre, que nos puede hacer todo, y nos ama infinitamente, y quien quiere que lo amemos sin límite. San Felipe de Neri estaba tan inflamado de amor que su corazón mismo creció físicamente y quebro sus costillas, como testifican los medicos que lo examinaron.

Y si nos esforzamos y nos enfocamos en la práctica de la virtud, vamos a evitar muchos más pecados. El remedio para el arbol, para evitar el riesgo de muerte, es de alimentarse con el sol, el agua, y los nutrientes, como para nosotros, los remedios son los sacramentos, la oración mental, meditando por unos 10 minutos sobre el Padrenuestro, o sobre el Avemaría, o sobre la lectura espiritual. San Alfonso acostumbraba a dar como penitencia la lectura de libros santos. Estos nos pueden convertir, y estimular nuestro crecimiento. Pero si no queremos crecer, vamos a perder, y vamos a confesar los mismos pecados cada vez, mintiéndole al Señor, diciéndole que estamos arrepentidos, pero sin deseo alguno de tomar los nutrientes para fortalecernos contra el próximo ataque.

Entonces, ante el nuevo año liturgico que se acerca, renovemos nuestra estudio y la practica de la virtud.  Hagamos un examen de consciencia pensando en virtudes particulares, sobre las cuales podemos leer en los libros de los santo, la Imitación de Cristo, el Catecismo, la Biblia. Hay siete virtudes principales, y si dedicáramos, o hubiéramos dedicado un año a cada una, estuviéramos mucho más avanzados en el camino, ¿no? ¡Ándale pues! Ahora es el tiempo, ahora es el día de salvación. “Corred, pues, de modo que lo alcancéis, *porque *uno sólo alcanza el premio.”

AMDG+

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por Padre Romo

Un comentario to “Penúltimo domingo de Pentecostés- “es forzoso que avance o retroceda””

  1. Padre Pedro comentó:

    Alimento del sol: Sacramentos, oraciòn, penitencia y buenas obras de misericordia.
    Tomo nota.

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