Nuestra Señora de Guadalupe
Publicado el 11 de Diciembre del 2008 en Sermones
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JMJt
He sido encontrado por los que no me buscaban; manifiestamente aparecí a quienes por mí no preguntaban
Hoy tenemos el gran honor de celebrar la fiesta de la Virgen de Guadalupe, la Madre de Dios y nuestra Madre. ¡Que divino compartir una Madre con Dios mismo! Y que divina fue la vida de la Virgen Santísima. Ella que fue elegida gratuitamente para ser concebida y vivir sin pecado, para ser la Madre de Dios, y para ser elevada a los cielos. Así fue su vida, un regalo de Dios. Y ella quien fue llena de gracia, sabía bien que todo es una gracia.
Así ha definido la Iglesia, muchas veces, utilizando las mismas palabras de esta fiesta.
(Dz 176). Si alguno dice que la gracia de Dios puede conferirse por invocación humana, y no que la misma gracia hace que sea invocado por nosotros, contradice al profeta Isaías o al Apóstol, que dice lo mismo: He sido encontrado por los que no me buscaban; manifiestamente aparecí a quienes por mí no preguntaban (Rm 10, 20; cf. Is. 65, 1).
(Dz 177). Si alguno porfía que Dios espera nuestra voluntad para limpiarnos del pecado, y no confiesa que aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo, resiste al mismo Espíritu Santo que por Salomón dice: Es Preparada la voluntad por el Señor (Pr 8, 35: LXX), y al Apóstol que saludablemente predica: Dios es el que obra en nosotros el querer y el acabar, según su beneplácito (Ph 2, 13).
Esto en suma es sólo decir que el don de Dios, es un verdadero don, y no debido a nosotros ni a ningún acto natural. Así es nuestra fe; que no sigue a la desesperanza, sino al contrario, a la verdadera esperanza, que depende del auxilio divino; cual esperanza es purificada cuando nos sentimos más desperados, y débiles, conformados con Jesús crucificado. Así es el motivo de esperanza que Santa Teresita del Niño Jesús profesó, que no son nuestros grandes deseos los que complacen a Dios sino nuestra flaqueza, pequeñez y pobreza de espíritu. Y no se preocupó de sus caídas, sino mas se aprovechó de estos errores para ser más y más humilde, más y más desconfidente en sí misma, y más y más confidente en el auxilio divino como una niña.
Y así es nuestra vocación. Somos de la nación que es de María, la nación que ha recibido la conversión más milagrosa en la historia del mundo, y no para vanagloriarse. ¿De que? Digo más milagrosamente, porque esta la tierra era la más diabólica, sacrificando 20 mil personas cada año–una gente que no podían creer que hubiera un cielo, sino sólo un infierno, en el cual vivían. Mas estos pecados son su orgullo, ya que sirvieron para la gloria de la Virgen Poderosa, quien convirtió una nación así.
Así es la misión de la Virgen de Guadalupe, y es el mensaje de la fiesta- la misericordia. La omnipotencia, dice Santo Tomas citando una colecta de la liturgia romana, es manifestada sobre todo en la manifestación de la misericordia. Como dijo San Agustín, que la conversión de un pecador es una obra más grande que la creación del mundo, ya que el poder de Dios se baja más profundamente a un pecador que es peor que la nada. Esa es nuestra tarea, de hacer más que lo mínimo para nuestro prójimo; de considerar que salvo por la gracia de Dios voy yo; y pensar más cómo ayudar que condenar; que gratuitamente hemos recibido y gratuitamente debemos dar, como la Virgen que tan pronto concibe se apresura para visitar a su prójimo para compartir esta gracia, para inflamar el mundo con el fuego del amor divino. Y no ha cesado desde luego, convirtiendo a los hombres por sus oraciones, ejemplo, y palabras, nosotros y nuestra nación inclusos. Y ahora nos invita a participar en esta obra de misericordia. Porque es dándose como se recibe, y como se preserva el don de Dios, lo cual si no es dado a la luz, muere. Así vemos que el avance del aborto es una indicación de algo mas profundo, el aborto de la gracia de Dios, la esterilidad de la vida espiritual, que siempre busca la luz para la gloria de Dios.
Entonces imitemos a Nuestra Señora, para conservar el don de Dios, y el carácter de esta nación. Démosle el don de Dios a los demás, seamos misericordiosos. Porque al fin, los elegidos no serán los vasos de justicia, sino los vasos de misericordia.
María Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.
AMDG
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