Navidad- Gloria in Excelsis Deo

Publicado el 12 de Diciembre del 2008 en Sermones

¡Gloria in excelsis Deo!

El canto angélico de la gloria de Dios resuena de nuevo en nuestros templos, las campanas se tocan porque la gloria invisible de Dios ahora es visible. La imagen y semejanza, la faz de Dios, hoy es revelada, llena de gracia y de verdad. La gloria misma de Dios encarnada habita entre nosotros, no sólo para revelarle al hombre la gloria de Dios, sino además para revelar en el hombre la gloria de Dios, quien por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, como nuestra fe profesa; porque Jesucristo se encarnó para recapitular todo en sí mismo a la gloria del Padre. Por eso viene como un niño tierno, pobre y rechazado para cautivar y humillar nuestros corazones tan fríos y orgullosos. El todopoderoso que los cielos no pueden contener duerme en un pesebre. El que es se hace un niño para ser amado. El rey de la gloria eterna y el Señor y el Dueño de todo el universo se hace pobre para vaciar nuestros corazones de los apegos inútiles de este mundo. Se hace rechazado para deshacer nuestro orgullo y afán de recibir el honor del mundo en vez de lo de Dios.

Así anuncia San León Magno. “Despierta, ¡oh hombre!” “Reconoce, ¡oh cristiano!, tu dignidad, pues participas de la divina naturaleza, y no quieras volver a la antigua vileza con una vida depravada. Recuerda de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. Ten presente que habiendo sido arrancado del poder de las tinieblas, has sido transportado al reino y esplendor de Dios.”

Hemos sido hechos en la imagen del mismo Jesucristo, llamados a ser su semejanza por medio de una vida verdaderamente sobrenatural. Los Padres hablan así, que Dios se hizo hombre al fin de que el hombre se hiciera Dios. Nunca olvidemos nuestra dignidad, la altura de nuestra vocación que ahora es posible, y nuestro único fin. “Ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes á él, porque le veremos como él es.” Así nos vamos a acercar al niño Dios, no sólo en la estatua del pesebre, sino en realidad en Belén, la “casa de pan,” sobre el pesebre del altar, donde Él mismo viene, quien vino hace 2008 años esta noche. Va a venir aun más humilde y pobre, aun más vulnerable por el susurro del sacerdote, para intentar otra vez de cautivar nuestros corazones con la locura de su divino amor. Démosle el corazón, sin reserva, no para recibir regalos, sino para regalárselo a nuestro querido niño Dios, quien se hizo hombre por nosotros y por nuestra salvación.

AMDG+ 

 

Escrito por Padre Romo

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