4 Dom. Adviento

Publicado el 12 de Diciembre del 2008 en Sermones

Por tanto, no juzguéis antes de tiempo, hasta que venga el Señor

       Hoy celebramos el último domingo de adviento. El jueves viene el Señor. Hemos tenido 4 domingos para preparar el pesebre de nuestro corazón. Hemos considerado el juicio final al principio, y hoy al fin del adviento la Iglesia nos propone el tema del juicio otra vez con la esperanza de ser alabados aquel día. La vida católica es una esperanza en la venida y el juicio del Señor. Así es la realidad de cada santa Misa en que el Señor viene en su gloria velada bajo la apariencia de pan. ¿Cómo será el juicio para nosotros? Dios sabe. Y sólo Dios sabe. San Pablo expresa su falta de certeza de su estado, aunque no estaba consciente de ningún pecado mortal; lo que nos hace considerar que somos un misterio a nosotros mismos. Muchas veces hacemos algo, más según lo que queremos, que según lo que sabemos es la verdad ¿Cuántas justificaciones sutiles hemos hecho de las cuales nos hemos olvidado? Así es el interior del hombre de cada uno. Y por falta de conocimiento de nuestros motivos y los de lo demás, no somos capaces de ser jueces del interior. Dios es el juez, “que sacará a plena luz lo que está en los escondrijos de las tinieblas, y descubrirá las intenciones de los corazones.” Y si no tenemos el oficio de hacer juicios sobre alguien, como un padre o superior, hasta cualquier punto debido a aquellos oficios, usurpamos el oficio del Señor. Podemos, pues, pecar juzgando a nuestro prójimo por un juicio usurpado cuando no tenemos autoridad, o por un juicio injusto, si nuestro motivo de juzgar es malo y sin misericordia, o por un juicio suspicaz o temerario, si nos falta conocimiento, y juzgamos como seguro lo que no sabemos.

Quiero comentar más sobre el juicio temerario, porque es lo más común entre nosotros, que hacemos muchos juicios expresados o tácitos del interior de la gente que vemos o conocemos. Y especialmente porque estos pueden ser pecados graves también. Santo Tomás nos da las reglas de discernir la gravedad de culpa. Dice, “hay tres grados de sospecha: primero, cuando un hombre, por leves indicios, comienza a dudar de la bondad de alguien, y esto es pecado leve y venial…   El segundo grado es cuando alguien, por indicios leves, da por cierta la malicia de otro, y esto, si trata sobre algo grave, es pecado mortal, en cuanto no se hace sin desprecio del prójimo;…  Tercero es cuando algún juez procede a condenar a alguien por sospecha; esto también pertenece directamente a la injusticia, y, por ello, es pecado mortal.” La regla es entonces: si juzgamos, aun si interiormente, a otra persona de pecado mortal, sin certeza, es nuestro pecado mortal. ¿Por qué? Porque entre dos opciones posibles, nos inclinamos a la peor interpretación de nuestro prójimo, que es de despreciarlo, y por tanto le hace injuria a su derecho de tener una buena reputación entre los hombres. 
          San Francisco de Sales tiene mucho que decir sobre este vicio, y nos pone en claro de lo que estamos hablando, porque hace una distinción entre la duda y el juicio. Dice, “Mas no pienses que el ver o conocer una cosa es juzgar porque el juicio supone (a lo menos en frase de la Escritura) alguna dificultad, pequeña o grande, verdadera o aparente, que es necesario vencer…no es malo, pues, dudar del prójimo, porque lo prohibido es juzgar, no dudar; pero aun la duda o sospecha, para que sea lícita, ha de ser ni más ni menos de lo que persuaden las razones y los argumentos en que se funda, pues de otra suerte las dudas y sospechas son temerarias.”
          Y como un buen director de almas, San Francisco de Sales nos da las causas de nuestros motivos, para desarraigar este vicio. Describe los tipos de personas. Hay los que “por causa de un corazón naturalmente agrio, amargo, y áspero, agrían y amargan todo cuanto reciben;” inclinan al juicio temerario y murmuración, “por orgullo, pareciéndoles que a medida que deprimen la estimación de otro realzan la suya propia.
No soy como los demás hombres’ (Lc. 13,11).”
          Otros no tienen este orgullo manifiesto, sino solamente cierta complacencia en considerar el mal de lo demás, para sentir mayor dulzura en reparar y hacer reparar a otros el bien opuesto de que se juzgan dotados.” Es una complacencia muy secreta y oculta. “Otros para excusarse… juzgan de ligero que los demás; adolecen del mismo vicio que a ellos les domina, o de algún otro de no menor gravedad, creyendo que será menos vituperable su culpa si son muchos los culpados.”
          No pocos hay que, por ocupar el pensamiento, se echan a juzgar temerariamente, sin otro fin que divertirse en filosofar y adivinar las costumbres y temperamento de las personas.. .y es muy difícil desviarlos.”

Otros juzgan por pasión, y así siempre piensan bien de lo que estiman y mal de lo que aborrecen, exceptuando un caso digno de admiración, pero, sin embargo, verdadero, en que el mismo exceso de amor induce a hacer malos juicios del amado…” también por causa del miedo y ambición.
          Así son las raíces del problema, pero ¿cuál es la solución? La regla de solucionar este vicio entonces es de presumir lo mejor, que no es ser necio o de desatender a nuestro deber. Hay que ser prudente, y “es obra de caridad gritar al lobo cuando se encuentra en medio de las ovejas, dondequiera que sea.” Pero podemos concluir que alguien no sea la persona adecuada para algo, sea una relación, sea un trabajo, etc., sin juzgar su culpa interior, o las causas de su desorden si no son conocidas. También podemos presumir que las virtudes escondidas de los demás los hacen más agradables a Dios que nuestros vicios escondidos, y que ellos hacen más bien, con la proporción de gracia que reciben, que nosotros con las muchas gracias que hemos recibido, y según lo mucho que ya sabemos. Y al fin, mejor es ser un poco ignorante que injusto Como dice Santo Tomás, “puede ocurrir que el que interpreta en el mejor sentido se engañe más frecuentemente. Pero es mejor que alguien se engañe muchas veces teniendo buen concepto de un hombre malo que el que se engañe raras veces pensando mal de un hombre bueno, ya que por esto último se hace injuria a otro, mas no ocurre por lo primero.” Mejor la falta de ciencia que la de la caridad.
          Esta no es una meditación sin conexión con el misterio de adviento, puesto que así fue la meditación de Señor San José durante este tiempo. San Francisco de Sales comenta, “Conocía claramente San José que Nuestra Señora estaba encinta; pero como, por otra parte, la miraba tan santa, pura y angelical, no pudo persuadirse que hubiese mal alguno en su preñez; por lo cual determina, alejándose de ella, dejar a Dios el juicio (Mt. 1,19). De este modo, a pesar de ser vehemente el argumento para hacerle formar mal concepto de la Virgen, él jamás quiso juzgarla. Y ¿por qué? Porque era justo, dice el espíritu de Dios (ibid.), y el justo, cuando no puede excusar ni el hecho ni la intención de un sujeto a quien, por otra parte, reconoce bueno, no quiere juzgar, sino aparta de su pensamiento la especie y deja a Dios el juicio.” Y al fin dice San Francisco de las soluciones, “los que velan cuidadosamente sobre su consciencia están menos expuestos a hacer juicios temerarios…” Entonces en estos días finales, hagamos un buen examen de nuestra conciencia, sobre este punto, y sobre nuestra vida, juzgandonos a nosotros mismos y no a lo demás, pidiendo para todos, nosotros pecadores inclusos, la misericordia de Dios.

 

María Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos o Gran Señora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por Padre Romo

Un comentario to “4 Dom. Adviento”

  1. marylua comentó:

    wow! que bien le hace al alma que le hablen a uno claro y preciso.
    es dia 24 de Dic y un poquito mas ire a vivir mi misa tradicional .

    fue bendicion para mi alma leer hoy su sermon.yo cometo muchos errores y pretendo mejorarlos…
    mi regalo para el ninito jesus
    sera presisamanete ese
    amar mas y jusgar menos.

    mil gracias padre Romo,
    que usted y padre francisco tengan un torrente de eternas y santas bendiciones en esta navidad…
    y que por siempre la madre los mantenga en su regazo maternal. asi sea.
    esperando su bendicion.
    mary

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